Me encontraba un día, no se ya hace cuanto, andando en bicicleta por mi ciudad natal, ya había comenzado el invierno, el clima era más frió, solo a unos pocos arboles les quedaban sus hojas, los demás estaban todos desahuciados de las suyas.
Andaba sin rumbo, huyendo de todo, intentando aceptar la soledad de ese momento, sin poder expresarme con las demás personas, me dedique a vagar el resto del día, no quería volver a la rutina, ni al departamento, solo quería estar apartado de todo.
Doble en una esquina, seguí un par de cuadras más, llegue a una plaza en la cual decidí hacer una breve parada, me senté en un banco, deje la bici apoyada en el piso, comencé a mirar al rededor, buscándole significado a las cosas, a todo lo que últimamente me había estado pasando, mi mente estaba nublada, no podía pensar, me dedique solo a observar el viento moviendo las hojas de un lado al otro. De repente una chica se me acerco y me pregunto que hacía ahí a lo cual respondí pensando en la vida, en todo, despejando mi mente de a poco para poder volver a mi estado normal. La chica se alejo, y fue recién en ese instante cuando me levante, me acerque hasta ella y le pregunte si quería acompañarme, ella acepto, y me pregunto que me había llevado a esa invitación, a lo cual respondí que me era difícil expresarme a las personas y que debería comenzar a hacerlo, me sonrió y se sentó junto a mi en el banco. Estuvimos al menos tres horas hablando, porque ya había oscurecido, el cielo entre medio estrellado y medio nublado creaba un ambiente de misterio, me despedí de la chica y le propuse encontrarnos la otra semana en esa misma plaza, ella accedió y nos fuimos cada cual por su camino. como dos almas que se cruzan y se vuelven a separar. Me quede toda la noche pensando en ella, había sido la primera vez que una chica había sido amable conmigo, o por lo menos de esa manera, la verdad solo estaba esperando que fuera la otra semana, y ver que sucedía, que nuevo tema de conversación hubiese entre ambos.
Paso una semana, la noche anterior no había podido dormir pensando en que ese día la vería, salí con mi bici en dirección a la plaza, habré tardado unos veinticinco minutos en llegar, me senté en el mismo banco que la otra vez, y la espere. Anocheció y ella no aparecía, me deprimí mas, había esperado toda la semana para verla y hablarle. La habré esperado hasta las once de la noche, hasta que me convencí a mi mismo que no vendría, que no la volvería a ver.
Y así se hizo añicos un sueño más en mi cabeza, llegue al departamento y dormí, ya no quedaba nada por hacer. Al final desperté y me di cuenta que todo había sido un sueño, que la chica que imagine había sido mi abuela de joven, la misma abuela que hoy se fue de mi vida.