sábado, 15 de febrero de 2014

Belleza mortal

Todo comenzó un día lluvioso, lejos de todo, rodeado de desconocidos. Fue entonces, cuando avance lentamente entre la multitud, observando rostros vacíos, personas sin almas, gente despreciable, hasta que en un momento inesperado la encontré, la mujer que hace unos minutos me había saludado simpáticamente, parecía tener un pequeño aura de sencillez, sus pequeñas mejillas de un rosa pálido, esos ojos verdes que me hacían recordar los prados en los cuales había pasado mi niñez, su manera de expresarse físicamente al hablar, parecía un ángel, un pequeño ápice de perfección. Luego de unos minutos me le acerque, le toque el hombre suavemente y la salude con un aire de timidez que ella noto al instante, se me acerco y me susurro al oído - Hola, tardaste bastante en encontrarme.- e instantáneamente me sonroje, no sabia que hacer, tan inexperto en el amor, pero ahí estaba, hablando con esta mujer. Conversamos de temas banales un largo rato, en un momento dado me aventure y la bese, fue raro, ella estaba tan sorprendida como yo, pero aun así se dejo llevar. De un momento a otro dejo de besarme, me susurro nuevamente al oído, pero esta vez con una voz más delicada - Acompáñame a mi casa.- En ese instante me tomo de la mano y me arrastro a través de la multitud, en una dirección desconocida, como si estuviera siendo atraído por una gravedad física que al parecer no conocía. En ese instante dude, se paso por mi mente que era todo un sueño, pero no lo era, era la realidad en estado puro. Al fin llegamos a su casa, recuerdo su sonrisa debajo de la maraña de pelo húmeda causada por la lluvia, abrió la puerta y me condujo hasta su habitación, no sabia que hacer, aun así me le acerque, y la bese, pase mi mano lentamente sobre su espalda, ayudándola a recostarse, la acaricie tímidamente. Ella por su lado, parecía dominarme más, o al menos infundía cierta experiencia al respecto. Fue una noche hermosa, y prefiero dejarlo ahí, sin contar mas detalles, sabiendo que todo fue perfecto, o por lo menos a mi parecer, luego nos acurrucamos y decidimos dormir, ella se durmió casi al instante, yo me quede pensando en todo lo que había pasado ese día, luego me dije a mi mismo que no había caso en pensar todo, que era mejor disfrutarlo. En ese momento mire la ventana al otro lado de la habitación, se veían las gotas caer, recorriendo el vidrio, y en ese momento, el sonido de la lluvia golpeteando la ventana me incito a un sueño profundo del cual nunca despertaría.

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